Uno de los ocho Objetivos del Milenio de la ONU propuestos para los quinquenios del 2000 al 2015 era acortar las brechas de oportunidades entre el hombre y la mujer. Lamentablemente, ni el Perú ni el mundo, lograron cumplir la meta y ésta se volvió a agendar dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible al 2030, con metas e indicadores vinculados al acceso y culminación de la educación, acceso y oportunidades laborales equitativas, entre otras.
Esta semana, hemos recibido opiniones de especialistas del mundo laboral, que han afirmado que las oportunidades para el hombre y la mujer sí son equitativas. ¿Qué tan ciertas son estas afirmaciones? Para responder a esta interrogante, lo primero que se debe hacer es remitirse a los datos y evitar opinar sobre la base de nuestras propias experiencias de vida, sobre todo si nuestra situación es más privilegiada que la del promedio de mujeres.
Si comparamos los datos de la evolución de la brecha de ingresos por género en la última década, podemos notar, con mucha pena, que esta brecha ha aumentado considerablemente. Tanto en zonas rurales como urbanas.


Fuente: Elaboración propia con datos de ingresos promedio de hombres y mujeres de la Enaho 2007- 2016.
Según la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho) del Instituto Nacional de Estadística e Informática, el ingreso promedio nacional de las mujeres se registró, para el año 2016, en 1.110.6 soles mientras que en el 2007 este era de 652.3 soles. Con esta información se podría concluir que los ingresos de las mujeres se han casi duplicado en los últimos años. Algo similar sucede con el incremento de ingresos de los hombres, el cual creció de 914.3 soles en el 2007 a 1.555.6 soles en el 2016. No obstante, si calculamos las diferencias de ingresos entre hombres y mujeres año a año, podemos advertir, que la brecha ha aumentado considerablemente en la última década.
Para el caso de los ingresos promedio a nivel nacional en el 2007, la diferencia entre ingresos de hombres y mujeres era de apenas 262.03 soles, mientras que 10 años después, observamos que esta diferencia se incrementó a 455.02 soles, es decir, la brecha casi se duplicó.
Esta situación se repite en el área urbana en donde la brecha pasó de 358.84 soles en el 2007 a 565.50 en el 2016. En la zona rural, la situación se agrava dado que la diferencia de ingresos entre hombres y mujeres pasa a ser de 171.34 soles en el 2007 a 361.58 soles en el 2016.
Con respecto a la diferencia de ingresos en las regiones, son solo unas pocas las que arrojan un incremento casi equitativo de ingresos entre hombres y mujeres. El cuadro siguiente muestra la diferencia de la evolución de ingresos de hombres y mujeres entre el 2006 y el 2017 y la proporción del ingreso de la mujer con respecto al del hombre en dicha evolución. Un porcentaje mayor al 85% estaría indicando una mayor equidad. Sólo Ayacucho, Lima Metropolitana y Ucayali estarían mostrando esta realidad.

En un contexto de igualdad de ingresos entre lo que reciben ambos géneros, la proporción de lo que reciben las mujeres respecto a los hombres debería ser mayor al 90%. Si se separa la información por condición socioeconómica, notamos que en los grupos poblacionales de ingresos mas bajos, hay una brecha mayor entre hombres y mujeres, en comparación con los grupos socioeconómicos de más alto nivel. Es decir, en los grupos de mayor pobreza, la brecha de ingresos entre hombres y mujeres es mayor. No obstante, en los estratos más altos, el ingreso de las mujeres aún representa el 70% de los ingresos de los hombres.

No es correcto entonces, afirmar que la situación de las mujeres en el mundo laboral ha mejorado, si es que no se realiza una comparación con el nivel de mejora que puede haber tenido el de los hombres. Hace falta, por tanto, impulsar con mayor fuerza políticas que logren generar una mayor equidad para todos los sectores. Si bien el nivel de empleabilidad para las mujeres, ha crecido, esta no ha aumentado en términos de calidad. Tenemos una población similar de hombres y mujeres universitarios, no obstante, los puestos gerenciales están copados por hombres casi en su mayoría, ni qué decir de los directorios. A medida que se van analizando cargos más altos, menor número de mujeres encontramos y esto, para nada tiene que ver con una elección libre que supuestamente hacen las mujeres de preferir no crecer profesionalmente por quedarse en casa, sino con que no existe el respaldo suficiente para crecer profesionalmente sin descuidar las labores del hogar o de la familia. Mayores normas de beneficios a mujeres en este sentido puede ser un arma de doble filo que evitará que los hombres se involucren en los quehaceres del hogar, como equitativamente corresponde.
Este 8 de marzo, como podemos ver no hay nada que celebrar sino mucho por qué luchar.